Home > Coronavirus > “Pese a todo, esta situación nos ha permitido ver el lado más humano, el que supera los apoyos profesionales”

Abrimos Whatsapp y le damos al icono de la cámara, enseguida aparecen al otro lado de la pantalla Pilar y Lucía, la primera, profesional de FUTURIOJA, que nos saluda con una mascarilla blanca; la segunda, una mujer con discapacidad intelectual que cuenta con el apoyo de la entidad riojana desde 2010. Ella nos da la bienvenida con Junior en brazos, un minino blanco y marrón con un curioso lunar en el hocico, al más puro estilo de una diva de Hollywood de hace alguna década, y que no duda en saludar con un maullido agudo y un contoneo frente a la cámara, cuyo objetivo no es otro que el de captar la atención de Lucía, su compañera de piso. 

Mininos aparte, empezamos la charla cada una desde su salón: el de Lucía, que hoy también acoge a Pilar, tiene las paredes de color borgoña y dos fotografías de cuando Lucía era niña. La primera, de la comunión; la segunda, vestida con el traje regional de su San Sebastián natal, del que se fue con su padre en 2002 para vivir en La Rioja. 

Después de los saludos y agradecimientos de rigor es inevitable preguntar cómo están afrontando el confinamiento, pues Lucía, una mujer de 39 años que vive sola en un piso de su propiedad, estaba acostumbrada a “no parar, pese a que es bastante casera”, apostilla Pilar a lo que Lucía contesta “claro, antes de la cuarentena por el coronavirus, o COVID-19, como le llaman, iba de lunes a viernes a un centro de ASPRODEMA, buscaba empleo, me preparaba unas oposiciones para personal de limpieza y hacía un curso de costura, además de las tareas de casa y participar en la validación de textos con Plena inclusión la Rioja,” enumera.

Ahora, como para todo el mundo, la situación ha cambiado “además de no poder salir y no hacer lo que hacía antes, que quizás sea lo que más echo de menos, estoy preocupada. Veo los informativos cada noche, me mido la temperatura y Pilar me ha traído material en lectura fácil con las medidas que hay que seguir en casa y fuera de ella. También un botiquín con guantes, mascarilla, alcohol, un termómetro… pero yo soy una persona de riesgo, porque tengo diabetes,” explica Lucía quien, debido a esta situación, no ha podido acudir a la cita que tenía con la endocrina. Pese a esto y gracias al apoyo de la Fundación y al encaje de bolillos que consiguen hacer Lucía mantiene su salud en buena forma, ya que “aunque la última semana tuve varias hipoglucemias (bajo nivel de glucosa en sangre) Jorge, que es el presidente de la Fundación y también es médico, vino a mi casa y me dio unas pautas y desde aquellas estoy bien,” nos explica Lucía, quien además cuenta con el apoyo telefónico de Vanesa, enfermera del centro al que acudía diariamente.

La conversación con Lucía es amena, fluida y deja entrever que ella y Junior se apañan perfectamente y para que esto suceda “el apoyo que tengo es fundamental. Pilar, además de ser mi tutora (aunque la tutela recae sobre la Fundación) es mi amiga y mi confidente. Laura (profesional de Plena inclusión la Rioja), Nico (educador social del programa de vida independiente de Plena inclusión la Rioja) y Pilar son como mi familia, la gente que más cerca tengo. Además, Pilar me llama todos los días, se preocupa por mí, a veces me hace la compra, me trae test para seguir estudiando y viene a verme, también hacemos videollamadas. Hemos hecho un horario para seguir teniendo una rutina y también hacer cosas que me gustan, como leer, ver películas o escuchar Cadena Dial y bailar en casa,” confiesa, a lo que Pilar añade “los apoyos adicionales que Lucía y el resto de personas que apoyamos desde FUTURIOJA tenían antes del estallido del coronavirus, ahora son sobre todo telefónicos”.

Sin duda, esta situación ha hecho que las organizaciones, no solo las que conforman la Asociación Española de Fundaciones Tutelares -como es el caso de FUTURIOJA-, se hayan tenido que ingeniar fórmulas para garantizar el apoyo a las personas que, al igual que Lucía, lo siguen necesitando. Y para que esto suceda Pilar y el resto de profesionales que trabajan prestando apoyo a las personas con discapacidad intelectual se tiene que desdoblar, en este caso para poder acudir a los domicilios de las personas que viven de manera independiente y necesitan apoyos presenciales. Este esfuerzo no pasa desapercibido para Lucía: “con esto del COVID-19 te das cuenta del sobresfuerzo que hace Pilar, porque da igual el día y la hora que sean, si la necesitas siempre está ahí, al pie del cañón”. Pese a que la mascarilla nos impida ver parte del gesto de Pilar, en sus ojos se intuye una sonrisa agradecida seguida de una reflexión compartida: “al final, en los momentos difíciles, todo el mundo facilita las cosas. Pese a todo, esta situación nos ha permitido ver el lado más humano, el que supera los apoyos profesionales”. 

Cerramos whatsapp. 

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