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UN CAFÉ CON… María Pino

¿Te imaginas que un día llegas a un juzgado y el juez no te escucha? ¿Te imaginas que hablan por ti? ¿Te imaginas que de repente te dicen que no puedes tomar tus propias decisiones?

Esta serie de interrogantes, que recuerdan a la cita del artífice del Imperio Alemán, allá por el siglo XIX, Otto von Bismark que decía que «la libertad es un lujo que no todos pueden permitirse», se respondieron con un rotundo sí cuando María Pino acudió al juzgado para realizar el proceso de modificación jurídica de su capacidad, hace ya algunos años.

María es una persona con discapacidad intelectual que ha tenido que batallar en los juzgados de Castilla-La Mancha para que le devolvieran lo que era suyo, la capacidad para tomar sus propias decisiones.


Alerta de spoiler. Esta historia, que comienza como muchas otras en lo que a modificación jurídica de la capacidad se refiere, termina como no muchas terminan, con vítores y celebraciones al conseguir una sentencia ajustada.

Nos conectamos a Skype y escuchamos al otro lado de la pantalla a María, una mujer de unos cincuenta y pocos que debe esconder el secreto de la eterna juventud en un bote en la alacena, porque no los aparenta; pelo oscuro y corto; gafas coloradas y que recibe apoyos por parte de FUTUCAM. Empezamos la conversación.

TOMANDO DECISIONES. María se remonta a 2015 para explicar que todo empezó «hace 2 años, cuando hice un curso de derechos y me di cuenta de que no necesitaba tantos apoyos como había dicho el juez. Además, mi compañera de piso tenía curatela y entre ella y yo no había casi diferencia», reivindica.

La sentencia de María exponía que ella necesitaba apoyo para prácticamente todo «pero eso no era así. Yo solo necesito apoyo para manejar cantidades altas de dinero», asevera, mientras recuerda que desde FUTUCAM «me daban los apoyos que realmente necesitaba».

Cuando María expuso su situación no le faltó quien la escuchara «fui a FUTUCAM y hablé con Sergio –en aquel momento referente tutelar de María- y él me dijo que adelante, que mi sentencia era injusta y que si no lo hubiera hecho yo, ellos me lo habrían propuesto. Luego hablé con Mayte –psicóloga de FUTUCAM- y me hizo pasar una escala con preguntas y ejercicios, la pasé y me animó a que siguiera», explica.

Al otro lado del teléfono tenemos a Mayte, que hace memoria y se remonta 3 años atrás para contarnos cómo fueron esas preguntas y ejercicios que menciona María, «le hice una valoración sobre sus capacidades adaptativas, para ver cómo había evolucionado, no solo a nivel conceptual, sino también social y en el manejo del día a día. Ahí vi que María había tenido una evolución muy favorable y creímos conveniente hacer informes al juzgado para promover su recapacitación, para que los apoyos los tuviera donde los necesita, es decir, hacer un traje a medida», recuerda Mayte.

Cuando terminaron el informe María lo leyó y se mostró conforme, le preguntaron si quería añadir algo más y «en todo momento fue muy objetiva y sensata, reconociendo que necesitaba apoyos en el área económica», asegura Mayte.

El siguiente paso de María fue comunicarlo al patronato»escribí una carta a los patronos, diciendo que no necesitaba tantos apoyos y ellos también me animaron a seguir adelante», recuerda, a lo que Mayte añade que «María participó en el proceso de una forma muy bonita, fue la auténtica protagonista, todo se hizo con ella y con su consentimiento».

Una vez hechas las valoraciones, desde FUTUCAM se inicia la petición de revisión de la sentencia de María incidiendo en la necesidad «de tener en cuenta la Convención y el modelo de apoyos que establece AAIDD, con el que los técnicos estimamos la intensidad de apoyos que necesita una persona», cuenta Mayte.

EL JUICIO. Después de este torbellino de emociones tocó esperar, María comenta que el tiempo se le hizo largo y que hasta que le tocó ir al juzgado transcurrió más o menos un año. «En abril de 2017 fui a la médico forense, me hizo preguntas sobre política, como por ejemplo quién era el Presidente del Gobierno o los Reyes de España. También de matemáticas y de control del dinero. Me preguntó que qué quería y yo le dije que quería votar, que era una ciudadana de pleno derecho», recuerda entre risas María.

Un mes después, el 30 de mayo llegó el momento del juicio. Allí estaba María, de punta en blanco y según reconoce «algo nerviosa». La acompañaban Luis Antonio, el abogado de FUTUCAM, Arancha, su nueva referente y Mayte. Y sus nervios no eran para menos ya que «el juez fue el mismo que la primera vez –dice refiriéndose a cuando realizó el proceso de modificación de la capacidad-. Primero habló Luis Antonio, luego el fiscal y después el juez se puso a hablar conmigo. Me preguntó si sabía qué era un testamento y qué era testar. También me hizo preguntas sobre manejar dinero y yo ahí le dije que hasta 100€», expone María mientras reconoce que «estaba muy emocionada porque la primera vez, con mis hermanas, el juez no me escuchó, ahora sí».

El papel de Mayte fue el de asegurarse de que María participaba en el proceso y lo comprendía. «Hubo mucha cercanía por parte del juez, fue un ejemplo de ponerse en el lugar de la persona con discapacidad. Me llamó la atención que el juez nos hablase del testamento vital. Nunca antes se nos había planteado en este tipo de procedimientos y él quiso saber si María estaba preparada, y si no lo estaba planteó la posibilidad de revisarlo más adelante, cuando sí lo estuviera. Fue un ejemplo de apertura al cambio, de cercanía y de estar en línea con la Convención», reconoce Mayte y continúa diciendo que «es un reconocimiento a nuestro trabajo, no solo por la Administración de Justicia, sobre todo por las personas a las que prestamos apoyo, porque confían y acuden a nosotros para que sus sentencias sean más justas», explica.

UN FINAL FELIZ. Y como avanzábamos al principio, esta historia tuvo un final feliz, y es que «el juez me dijo enhorabuena, que por él lo había conseguido. Luego Luis Antonio me dijo unas cosas muy bonitas, pero de la llantina que me cogí, no lo acuerdo», nos cuenta María y antes de que cerremos la conversación de Skype pide que tomemos nota sobre lo siguiente «estoy muy orgullosa de haberlo hecho y doy gracias a FUTUCAM por haberme hecho caso y apoyado. En el juicio dije que no quería que cambiase mi relación con FUTUCAM, porque son como mi segunda familia».

Cerramos Skype y colgamos el teléfono.

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