Home > Personas Acompañando a Personas > «Cuanto más das, más recibes» entrevista a Ignacio Recondo, vicepresidente de la AEFT

Ignacio Recondo, oriundo de Oyeregui (Navarra) es Ingeniero Técnico Industrial, Licenciado en Ciencias Económicas y Programa de Dirección General del IESE. Funcionario jubilado del Gobierno de Navarra que ha ocupado diversos cargos de responsabilidad en los Departamentos de Hacienda, Salud y Educación del Gobierno de Navarra y la gerencia de la Universidad Pública de Navarra. Actualmente es Vicepresidente de la Asociación Española de Fundaciones Tutelares y presidente de la Fundación Tutelar de Navarra, así como tesorero de Plena inclusión Navarra.


Marcamos nueve números y viajamos casi 400 kilómetros, que es la distancia que separa Madrid de Pamplona donde se encuentra Ignacio Recondo, al otro lado del teléfono. Él es vicepresidente de la Asociación Española de Fundaciones Tutelares (AEFT) y Presidente de la Fundación Tutelar de Navarra (FUTUNA), así como también tesorero de Plena inclusión Navarra y otra serie de méritos y cargos para los que harían falta muchas comas.

Ignacio nos habla de cómo ha llegado a formar parte de la lucha por la promoción y salvaguarda de los derechos de las personas con discapacidad intelectual o del desarrollo. Un tren que cogió hace apenas 7 años por casualidad y del que ahora no quiere apearse.

Los inicios

“Yo llevo poco tiempo en esta lucha, creo que son 7 años, no más. Estuve en el mundo de la gestión, en el ámbito sanitario y educativo, pero nunca me había acercado a la discapacidad”, explica Ignacio, para luego continuar con una historia que, al igual que esta entrevista, comenzó con una oportuna llamada de teléfono. “Fue una llamada de una amiga que en aquel momento tenía un puesto de responsabilidad en la Fundación Tutelar de Navarra (FUTUNA).

Cuando Ramón Loitegui dejó la presidencia me llamaron a mí y no me pude resistir. Cuando te llaman no tienes argumentos para decir que no, sobre todo cuando uno está bien y goza de cierto tiempo.

Ella quería que entrase sabia nueva, me llamó y me dijo: -tengo un puesto de trabajo de estos que te gustan a ti, en los que se trabaja mucho pero en los que al final se cobra en especies, es decir, con cariño. Me dices que sí y luego te digo para qué es-. Le dije que sí y luego me explicó que se trataba de la Fundación Tutelar. Yo casi no sabía de qué estábamos hablando, pero no me pude negar, porque se trataba de un tema de interés social”, cuenta Ignacio haciendo uso de su memoria, para explicar su introducción al mundo de la tutela y, en concreto, de la Fundación Tutelar de Navarra en la que empezó como tesorero y de la que ahora es presidente.
“Antes estaba de presidente un gran amigo mío, Ramón Loitegui, que además de amigo fue un gran presidente. Cuando él dejó la presidencia me llamaron a mí y no me pude resistir. Cuando te llaman no tienes argumentos para decir que no, sobre todo cuando uno está bien y goza de cierto tiempo”, comenta entre risa y risa para luego añadir un sinfín de tareas a las que también dedica buena parte de su agenda, que cuadra con su familia, sus hijos y nietos, su suegra y su mujer “a la que le agradezco que me haya apoyado en todos estos quehaceres, todos importantes porque son con personas”, comenta.

Con las palabras de Ignacio sobre cómo llegó hasta la Fundación Tutelar de Navarra (FUTUNA) es fácil imaginárselo como aquel Robinson Crusoe de Daniel Defoe, descubriendo a cada paso un rinconcito nuevo de la isla o, lo que es lo mismo, del mundo de la tutela y es que como explica el propio Recondo “sabía que se hacían cosas, pero en ese momento me llegas a preguntar algo más y no sabría qué contestar”, reconoce. Esto ha hecho que se esfuerce para ponerse al día y corra siempre un poco más que los demás para que no se «note ese hándicap». Por ello el presidente de la Fundación Tutelar de Navarra (FUTUNA) ha aprovechado cada una de las oportunidades para empaparse del conocimiento compartido sobre la tutela y la discapacidad intelectual o del desarrollo: “Entré en Plena inclusión Navarra y me involucré más en la AEFT, para absorber conocimiento que luego complementé con mucha literatura sobre el tema. Todavía me queda mucho por saber, pero sigo con los ojos y oídos bien abiertos”, asevera para continuar diciendo que, a diferencia de Crusoe “yo no estoy solo, a mi alrededor tengo un equipo muy bueno, tanto en Madrid, (refiriéndose a la AEFT), como aquí en Navarra”, asegura.

Lo que me enganchó a la Fundación Tutelar fue darme cuenta de que cuando crees que das más, eres tú el que más recibe, un círculo virtuoso, contrario a lo que podría creerse de que cuanto más das, con menos te quedas.

Esta carrera de fondo y puesta a punto continua se debe, en buena medida, a su espíritu altruista y a una apertura de miras envidiable, ya que “lo que me enganchó a la Fundación Tutelar fue darme cuenta de que cuando crees que das más, eres tú el que más recibe, un círculo virtuoso, contrario a lo que podría creerse de que cuanto más das, con menos te quedas. Este mundo en el que nos movemos, el de la discapacidad, funciona de otra forma muy distinta, cuanto más das, más recibes,” dictamina Ignacio.

Nuevos retos

Con ese foco trabaja la Fundación Tutelar de Navarra desde hace casi 30 años, una odisea que hace que ahora se enfrenten a nuevos horizontes. “La entidad tienes varios retos, uno ya cumplido y otros dos por alcanzar. El primero de ellos, el que ya se ha cumplido, se remonta hasta hace dos o tres años. La Fundación lo estaba pasando muy mal, estuvimos a punto de desaparecer, incluso públicamente dijimos que no podíamos asumir más tutelas, con harto dolor, porque no podíamos ni mantener las que ya teníamos. Pero al final conseguimos superar ese bache y ahora estamos aguantando,” explica Ignacio quien, junto con su equipo hace encaje de bolillos para conseguir la financiación necesaria y seguir adelante con este proyecto, pudiendo proveer de un servicio de calidad a las personas a las que apoyan.

Otro de los retos a tachar de la lista es la firma de un convenio con la Comunidad Foral de Navarra que esperan “firmar en poco tiempo, porque eso nos dará cierta estabilidad y nos permitirá poder reforzar el equipo, que pese a ser pequeño, suple esa falta de más gente con una dedicación que sobrepasa la normal,” sostiene Recondo.

Nuestro objetivo es hacernos cargo de las tutelas de cerca de 120 personas en Navarra, ofreciéndoles nuestro apoyo en su proyecto de vida, con un modelo de tutela y voluntariado que creemos, es el más óptimo.

Pese a que se defina como lo que entiende por buen montañés “un hombre de acción más que de palabra”, la que suscribe no lo definiría como un hombre parco en palabras o poco atinado, si no, más bien, como buen orador y es que en relación a la firma del Convenio que antes mencionaba, Ignacio consiguió en la presentación del segundo cortometraje de Somos Personas Acompañando a Personas –una campaña de la AEFT- que en materia de apoyo Inés Francés, Directora de la Agencia Navarra para el Desarrollo de las Personas, se comprometiera a ayudarles a seguir trabajando. Y es que de cara al futuro “nuestro objetivo es hacernos cargo de las tutelas de cerca de 120 personas con discapacidad intelectual o del desarrollo, con la capacidad jurídica modificada que hay en Navarra, ofreciéndoles nuestro apoyo en su proyecto de vida, con un modelo de tutela y voluntariado que creemos, es el más óptimo,” concluye.

Fotografía acto ©Ignacio Solla

Para conseguir lo que se proponen, Ignacio tiene su propia receta: además de mucho trabajo, esfuerzo y compromiso “para conseguir algo primero hay que visualizarlo y nosotros ya lo hemos hecho con acciones como la presentación del segundo corto de Somos Personas Acompañando a Personas. En el mundo en el que vivimos, el mundo de la imagen, lo que no se ve, no existe. Si no hacemos entrar por los ojos estas realidades para que luego lleguen al corazón, lo que hacemos parece que no existe y lo que no existe ni se apoya ni se valora. Por lo tanto Somos Personas Acompañando a Personas es una forma muy acertada de mostrar el trabajo que se está haciendo en las Fundaciones Tutelares».

Voluntariado Tutelar

El Voluntariado Tutelar es uno de esos valores añadidos de las Fundaciones Tutelares que se muestra con especial ahínco en la campaña Somos Personas Acompañando a Personas. La historia de Arantza protagoniza el segundo de los cortometrajes de esta campaña. Haciendo alusión a este ejemplo, Ignacio Recondo explica que la situación del Voluntariado Tutelar en la entidad Navarra es algo diferente que en las demás y es que “nuestra realidad vista desde fuera y sin explicar puede parecer incongruente, porque se da la situación de que tenemos más Voluntarios/as Tutelares que personas a las que damos apoyo y algunas de estas últimas no tiene voluntario/a. Esto ocurre porque en algún caso, como en el de Arantza, la protagonista del cortometraje, una pareja o unos amigos dedican su tiempo a una sola persona, por eso hay más personas voluntarias que personas apoyadas y algunas de estas no cuentan con ese apoyo, sobre todo en la zona de Tudela. Ahora tenemos 65 voluntarios/as y 47 tutelados/as,” analiza Ignacio.VT-logo+letra+eslogan

Siguiendo el hilo, Ignacio habla del Voluntariado Tutelar lleno de orgullo y es que en palabras del propio Recondo, “el Voluntariado Tutelar es un signo diferencial. En el mundo de la tutela no todos hacemos lo mismo y me refiero precisamente al Voluntariado Tutelar. Este tipo de voluntariado es comprometido, a medio o largo plazo y de persona a persona. Hay personas voluntarias que llevan más de 20 años acompañando a personas tuteladas, esto favorece a que se creen relaciones muy difíciles de describir, hay que vivirlo, o en su defecto ver el corto de Somos Personas Acompañando a Personas que presentamos en Navarra en junio, en el que Virginia, Arantza y Mariaje cuentan cómo es realmente esa relación mucho mejor de lo que yo podría describir, porque por mucho que lo escribamos, los papeles no dan de sí lo que da la vida real,” expone Ignacio.

Los profesionales

La diferencia entre las personas voluntarias y las profesionales se podría explicar, según el presidente de la Fundación Tutelar Navarra como esa dicotomía de poli malo, poli bueno típica de cualquier película americana, porque “los profesionales se encargan de marcar los límites, lo que en principio sería bueno para cada persona, siempre teniendo en cuenta sus deseos e inquietudes, porque ellos son los protagonistas de sus vidas. En cambio la persona voluntaria sería ese rostro amigo.”

La vida de las personas no entiende de fines de semana o de que el viernes sea festivo.

El trabajo del grupo de profesionales, que esperan que se complemente con la incorporación de nuevas personas “se hace con mucho esfuerzo y estando continuamente en contacto con las personas que apoyamos, con las personas voluntarias, con los médicos de atención primaria que les atienden, etc,. Los apoyamos con un gran sobreesfuerzo porque la vida de las personas no entiende de fines de semana o de que el viernes sea festivo,” expone Ignacio.

A esto hay que sumarle que el trabajo que se realiza no se hace siguiendo una plantilla extensible a cada una de las personas que apoyan porque “cada persona es un mundo y el hecho de que sean personas con discapacidad intelectual o del desarrollo no hace que tengan las mismas características, que estén cortados por el mismo patrón. Cada una tiene sus aspiraciones de vida, su forma de pensar que tenemos en cuenta para trabajar, ya que lo hacemos en función de sus deseos e intereses. Dependiendo de la persona es más fácil o difícil transmitirlo, pero siempre encuentran el canal, aunque sea con una simple mirada. Con ello nosotros tratamos de darle la vida que espera, que su proyecto de vida sea real. Eso es muy complicado, porque cada vida es única e irrepetible, por lo tanto la mirada tiene que ser de persona a persona y ahí el Voluntario/a Tutelar que dedica su tiempo a una única persona tiene un papel muy importante,” asevera.

Sobre la Convención

Ignacio tiene una visión muy clara en relación a la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, aprobada por la ONU en 2006 y ratificada por España dos años más tarde.

En este sentido recalca que como todo texto hay que interpretarlo y que “en muchas ocasiones las visiones que se dan son muy partidistas, ya que dependen de la experiencia de cada uno. A la filosofía de la Convención hay que ir incorporándole poco a poco otras cuestiones. No podemos obviar que lo que se ha hecho hasta ahora tiene una base de experiencia, de trabajo, no es una improvisación, por eso no se trata de tirar por la borda todo lo que hemos hecho, si no de incorporar cosas de mejora sobre el modelo actual,” dictamina.

Debemos darnos cuenta de que no todo el mundo tiene las mismas capacidades y hay personas con mayores necesidades de apoyo.

Una de las fallas que Ignacio diagnostica en la lectura que se hace de la Convención es la exclusión de algunas personas con discapacidad, ya que “últimamente se está escuchando mucho que, como la Convención reivindica el papel protagonista de las propias personas con discapacidad, estas son capaces de todo. Pese a que esté de acuerdo y sea defensor de lo primero, que cada persona debe ser protagonista de su vida, debemos leer entre líneas y darnos cuenta de que no todo el mundo tiene las mismas capacidades y hay personas con mayores necesidades de apoyo. Por eso creo que la lectura que estamos haciendo de la Convención está excluyendo a buena parte de las personas, personas que no vemos y parece que aquello que no vemos, no existe, pero la realidad es mucho más profunda,” concluye Recondo.

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